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Entretenmiento

¡Vivan las jovencitas!

Foto: MEZCALENT.COM
Érase una vez que la heroína de telenovelas tenía entre 16 y 18 años, y el héroe era bastante mayor. Las heroínas debían estar en la flor de la edad ser optimistas, ingenuas, traviesas, caprichosas y llenas de vida. Los héroes debían ser serios, severos, sombríos, sino no podían aprender de estas jovencitas a las que intentaban educar y de las que terminaban siendo alumnos.

Heroínas "ilegales"
En las telenovelas del ayer los profesores se rendían ante el acoso romántico de sus alumnas, niñas-mujeres sacaban de la amargura a viudos huraños y jovencitas optimistas reformaban a cínicos playboys. Recordemos a las más famosas: la trilogía de las Marías de Thalía; las heroínas de Emilio Larrossa; Mi pequeña traviesa que enloquecía al padre y a un hijo, y eso que se vestía de hombre. La conmovedora Alguna vez tendremos alas donde la adolescente Kate del Castillo superaba una vida de abusos y delincuencia, para alegrarle el mundo a un cincuentón director de orquesta.

El auge en la pedofilia ha creado una psicosis en la que este término se asocia a cualquier relación con jóvenes, o yendo más allá, se denomina como romance pedófilo a una pareja de edades desiguales. Conscientes de eso, las telenovelas cambiaron. Se estableció una división entre telenovela juvenil, donde los personajes vivían sus romances exclusivamente entre jovencitos, y la telenovela adulta que comenzó a girar en torno a mujeres hechas y derechas, mayores de edad. ¡Fuera las niñitas tontas!

Las heroínas debían ser "legales", sagaces, exigentes y muy independientes. Se subió la edad de las protagonistas y se subieron también las expectativas respecto a su capacidad intelectual, a su experiencia laboral y la igualdad con su pareja. A todos estos meritos se agregó experiencia sexual previa, que marcaba la igualdad entre héroe y heroína. Lo malo fue que a este cambio se llevó a los extremos y apareció un tipo de heroína dura, sarcástica, fría y escéptica. Paula de Yo amo a Juan querendón, y Azul de Amar sin límites son ejemplos de esta heroína moderna. Un ejemplo menos rígido puede ser la Gaviota de Destilando amor.

El retorno de las niñas-mujeres
Incluso en una telenovela de época como Pasión, la heroína en la primera semana es manoseada, violada, raptada, torturada, vendida, etcétera. Con tanta experiencia, Camila está lejos de ser un personaje optimista o ilusionado. Tanto el Querendón como Pasión y Amar sin límites han tenido poco éxito. ¿Será por eso que las nuevas producciones le están apostando a una heroína más tradicional, más ingenua y más joven?

En Perú se rehizo el éxito de los 80's, Carmín y que ahora se llama Besos robados. Es la historia de Paloma, una alumna millonaria empeñada conquistar a su profesor, aunque tenga que quitárselo a su sofisticada y sexy tía. Una de las últimas telenovelas producidas por RCTV es una combinación de dos éxitos de Caridad Canelón, Elizabeth y Maite, ahora llamada Mi prima ciela. Ciela es una colegiala que vive su primer y último amor, pues la leucemia le está quitando la vida.

En México hay una avalancha de heroínas adolescentes. En Tormenta en el paraíso, Sara Maldonado, que cada año se ve más joven, es una adolescente que saca de su tristeza a un abogado marcado por una infancia triste. En Lola... Érase una vez, Eiza González debuta como una cenicienta moderna, que a los 17 años tiene que hacerse cargo de una tropa de malcriados niños ricos y a la vez humanizar a su ceñudo jefe interpretado por el galán Aarón Díaz.

La heroína juvenil por excelencia y la que más éxito tiene en este momento es Mili de Al diablo con los guapos. Interpretada por la quinceañera Allisson Lozz. Milagros, con apenas 18 años tiene que conquistar el mundo adulto, enfrentarse a problemas laborales, sentimentales y superar varias crisis de conciencia con una madurez y rectitud que les falta a muchas protagonistas adultas.

Ventajas de la juventud
La heroína juvenil tiene ventajas sobre su hermana adulta que van más allá de carnes firmes e ignorancia sexual. Tiene derecho a equivocarse, a no tomarse en serio, a enojarse y a llorar cuando le plazca. En suma, es más natural, ve el mundo con otros ojos y nos hacer verlo de esa manera. Es alegre, optimista y crédula, no es ambiciosa, no vive a dieta, no finge ni antepone su carrera al amor o a los amigos.

El secreto no es tanto la juventud, sino la manera de ser de la protagonista. Ahí tenemos a Victoria que tanto gusta, porque es un ser inocente e ignorante de las maravillas que encierra el mundo. Es como una niña a la que hay que enseñar que la hamburguesa no se come con tenedor y cuchillo y que los kilos de más se pueden perder en la cama de un hombre enamorado.